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22 agosto 2013

Un bosque de duraznos


Martín era un conejo muy saltarín, aunque algunos lo llamaban don Martín a él no le gustaba para nada -no soy un anciano- decía; Martín era una leyenda entre propios y extraños, había participado en las más exigentes pruebas de salto, algunos decían que había sobrepasado a un coche de un solo brinco!!, otros decían que lo habían visto saltar a las ramas de un árbol, porque contrario a muchos otros conejos, a él no lo satisfacían las zanahorias, era de gustos más finos, le gustaban los duraznos, por esto saltaba y se daba festines en los árboles de su vecino.

Cuando martín decidió conocer el mundo, sus amigos entristecieron, pero sabían que era lo mejor para él, su talento sería más apreciado y él sería más feliz.

Con los años todo cambió pero el recuerdo de Martín perduraba, él estaba en cada árbol de durazno que creció de las semillas que enterraba cuando daba esos saltos de leyenda...

Ana P.

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